El Taxista y la Monja

El Taxista y la Monja



Un taxista recoge a una monja. Ella se sienta en el asiento trasero y, después de unos minutos, nota que el conductor, que es muy guapo, no deja de mirarla por el espejo.

Finalmente, ella le pregunta: —Hijo mío, ¿por qué me miras tanto?

Él vacila y dice: —Yo… tengo una pregunta, pero no quiero ofenderla.

Ella sonríe con amabilidad y responde: —Hijo, he sido monja por mucho tiempo. Lo he oído prácticamente todo. Te prometo que nada de lo que digas me ofenderá.

Entonces él dice: —Está bien… siempre he tenido la fantasía de ser besado por una monja.

Ella hace una pausa y luego dice: —Bueno… veamos qué podemos hacer. ¿Eres soltero?

—¡Sí! —dice él, emocionado.

—¿Y eres católico?

—¡Absolutamente!

Ella asiente: —Entonces métete en ese callejón.

Él lo hace, y ella le da un beso tan apasionado que podría derretir un vitral.

Mientras se alejan, el taxista comienza a llorar.

La monja le pregunta con ternura: —Mi querido hijo, ¿por qué lloras?

Él sorbe por la nariz y dice: —Perdóneme, hermana… he pecado. Mentí. Estoy casado… y soy judío.

La monja sonríe y dice: —No te preocupes. Mi nombre es Dave y voy de camino a una fiesta de Halloween.


Post a Comment

Previous Post Next Post